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La Nota

La Nota 02/02/2003

02/02/2003

Mañana hará un mes, que llegué a Tokio, debería hacer una fiesta o algo, pero estoy castigada. Joder que lento pasa el tiempo. Las clases de esta mañana han estado realmente bien, no solo soy yo, Valeria también ha tenido que reconocerlo. Al mediodía he pasado de comer, quería ver si Olga me había repuesto. Pero sorpresa, resulta que tengo el acceso a la sala de ordenadores restringido. Solo puedo acceder a la sala en las horas de informática. ¡Bien! ¿Porque sospecho que detrás de todo está mi estimado hermano mayor?. Pero, no se va a salir con la suya, me ido a los ordenadores de la biblioteca. Olga me ha contestado. Sabía lo que me diría, me ha dicho que estoy repitiendo rutinas que no me proporcionan ningún beneficio. Si Olga habla como un puto cometarros, creo que es la única niña que en la guardería decía que de mayor quería ser psicóloga. Y la culpa la tiene “el entorno familiar en el que la criatura se desarrollo” jejeje Yo también se hablar raro. Los padres de Olga son psiquiatras, así que se ha empapado de jerga psicológica toda su vida. Todo lo malo se pega. Bueno, traduciendo, Olga cree que vuelvo a las andadas, y que los Utada no son los Ferrer. Que vaya con cuidado, pero que se alegra, ver que el imperio del sol no me ha cambiado. Por cierto Paty, se ha roto un brazo, en el curro y está de baja, cobrando sin currar, ¡qué suerte!

Luís también me ha escrito, me ha reñido por usar el Internet, pero se alegra que sea para hablar con él. (pobre iluso) Me ha dicho que Susi está muy enfadada conmigo, que estuvo a punto de coger un vuelo plantarse en Tokio plantarme dos tortas. No hace falta aquí, también plantan tortas. Me ha dicho que sea buena, o al menos, menos bicho. Y que ánimo, Nobody expects the Spanish Inquisition, Luís siempre me anima.

Echo tanto de menos Barcelona, mis amigos, la familia. Y aun falta más de un mes para que venga Susi, Luis y Laurita.

La tarde ha pasado muy lenta, incluso la clase de cocina ha sido a fuego lento. Al llegar a casa, he hecho los deberes con Eichi en el salón, Shoyo ahora los hace en su habitación. Después de merendar, ha ido al dojo a entrenar (ahora lo llaman así). Y yo con mi rutina, creo que me voy a volver loca, voy a bajar esta noche y voy a quemar el puto libro. Me he hecho la imagen mental miles de veces, yo con una cara de psicópata desquiciada quemando el libro y haciendo una danza satánica alrededor de la fogata, mientras me río estrepitosamente hasta que se me desencaja la mandíbula.

Buenas noches, señor monstruo.

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